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DESDE MI BALCON NATALINO:UNA PLAZA, LLAMADA MALL

Escribe: Ramón  Arriagada

 

 

 

 

 

 

 

Los días domingos siempre me han llamado la atención. Cuando visito otras ciudades  me dedico auscultar que hace la gente del lugar en este día,  consagrado de acuerdo a las conveniencias del calendario religioso al descanso.   Por lo demás es el día eje para el trabajo. Todos trabajan  pensando  cuando llegue el domingo.

 

 

 

Nuestra generación para matar el hastío del séptimo día se parapetaba  en las Plazas de Armas. Por la mañana,  a la salida de la misa se  respiraba el olor a incienso y las familias se veían armaditas y buenas.  Una pasada a escuchar la retreta de la banda del regimiento local y el regreso  a casa. Por las tardes, en primavera y verano, la plaza del pueblo nortino tenía ese olor a magnolios  y añosos  árboles ornamentales; era el lugar elegido por los más jóvenes, para sus primeras conquistas amorosas, sobre todo en los días del Mes de María.

 

 

 

 

Hoy las plazas de las grandes ciudades, han sido abandonadas por los jóvenes.  Dejaron de ser  un lugar de encuentro.  Desde que la sociedad está  regida por el  consumo, los lugares de ocio están bajo el alero de los grandes centros comerciales. Allí es donde  se puede cumplir con el doble propósito del  consumo y el ocio. En provincias los “mall” son democráticos,  puesto que a ellos confluyen personas de todos los estratos y  sólo consumen , dependiendo del dinero disponible o por su permisividad a la propaganda.  En ciudades de alta segregación  social como Santiago,  estos espacios tienen una  función  excluyente.

 

 

 

 

 

Este último fin de semana, después de muchos años, viví  un domingo puntarenense. Sigo sosteniendo que  Punta Arenas con todas las posibilidades de acceso al consumo y el ocio,  se aburguesó.  Sus habitantes están colmados  por las oportunidades de la vida moderna; ahí no hay lugar para pioneros. Grupos de jóvenes alegres al mediodía comiendo comida chatarra en  el “mall”, por la tarde  girando alrededor de la  Cancha de Patinaje en Hielo. 

 

 

 

 

 

 

Son las razones porque los nuestros, quieren marcharse pronto hacia  las grandes ciudades. A nuestras generaciones jóvenes les debemos  espacios de encuentro para los largos inviernos. No los podemos condenar a refugiarse  a beber una proletaria  caja de vino “ cartoney”.  A nuestras niñas no las podemos empujar a  una temprana maternidad,  buscando en ello, darle un poco de trascendencia a sus vidas  de domingos lánguidos y sin sentido.