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LA NUEVA MAYORÍA, AL FINAL DEL VIAJE

Los políticos en Chile son de larga maduración. Si usted examina nuestra historia republicana desde los inicios del siglo pasado,  encontrará pocas excepciones a la regla de quien haya tenido opción presidencial producto de una carrera sorpresiva .  En la corta lista de liderazgos sorpresivos y súbitos están Carlos Ibañez del Campo, Jorge Alessandri Rodríguez y  Augusto  Pinochet. 

De los presidenciables nombrados, resalto el caso de Carlos Ibáñez del Campo, quien al llegar a la primera magistratura, lo hizo gracias a un golpe de estado contra Arturo Alessandri en el año 1924, en compañía de otros mandos en representación de las demás ramas de las fuerzas armadas.  En la clase política, mientras algunos querían una Constitución  Presidencialista, los otros seguían creyendo en el parlamentarismo. Carlos Ibáñez,  un oscuro coronel,  que siempre había estado asignado en reparticiones de provincias, se hizo del poder total y unipersonal  a partir de 1927. Duró poco, pues el país cayó en el espiral de la gran crisis económica del año treinta.

Carlos Ibáñez del Campo,  transformado después en político, es uno de los personajes interesantes de nuestra política, tal vez el  menos estudiado. En la proyección del tiempo no cuenta con una biografía que con la mirada del presente,  sobre su evolución y legado, nos permita tener acceso a su andar en esto de servir a la patria. No olvidar, que en 1952, fue capaz de ganar en las urnas la primera magistratura del país.  Por lo tanto, ya no fue, una estrella fugaz en nuestra política.

En el caso de  Jorge Alessandri Rodríguez, a quien le entregó el bastón de  O Higgins Carlos Ibáñez del Campo en 1957, se trataba de un conspicuo empresario, perteneciente a una familia perseguida por las administraciones ibañistas.   El  tercero de este listado de Presidentes de Chile, mencionamos a Augusto Pinochet, personaje de baja ponderación,  tanto militar como intelectual. Los partidarios del derrocado Salvador Allende, hasta el final creyeron que sería Pinochet, quien dirigiría el “Ejército Constitucionalista”  enfrentando  junto al pueblo la asonada golpista.

Hay lecciones aprendidas. Resulta difícil que el electorado en Chile, quede  deslumbrado con liderazgos emergentes. La desconfianza hacia los liderazgos súbitos es evidente. Todas las coaliciones  políticas, han sido producto de la imposición por parte de las cúpulas partidarias. Por ello, son coaliciones coyunturales y efímeras y la Nueva Mayoría no es una excepción, pese a que Camilo Escalona se lamenta porque según él, era un entendimiento inédito y perdurable de gobierno “constituía un hecho político macizo,  sin precedentes, cuyo valor en sí mismo, no fue valorado y preservado”.

La falta de madurez y triunfalismo de nuestros políticos, impidió la conformación desde las bases de un frente amplio, una vez terminada la dictadura pinochetista. El  clientelismo electoral, las visiones sesgadas y el creerse tener el monopolio del ejercicio democrático, tiene hoy,  al pueblo que creyó en la conducción de la coalición gobernante,  desorientado, buscando una explicación a este marasmo.

Resulta por tanto, poco convincente, que el Partido Demócrata Cristiano  cuyo poder de veto y decisión  dentro de la coalición,  lo hacía gravitante, tanto a nivel regional como nacional, asegure que rompe el acuerdo y elige una vía propia. Insatisfechos al no ser el accionar de la N.M, lo que ellos querían. Respetable en lo valórico pero materializada en un momento de desorientación política.

 

Visto desde afuera es una decisión   donde hay una mezcla no calculada entre dispersión y suicidio político. Por supuesto, el pueblo democratacristiano, no entiende  los malabarismos en juego, no se resigna a quedar aislados de sus aliados naturales,  de esas cercanías nacidas en tiempos de la lucha contra la dictadura.  Si una de las razones es haber encontrado un liderazgo capaz de devolver al partido  los tiempos perdidos, eso no puede dar lugar, a romper con los intereses reales y legítimos y crear otros imaginarios e injustos.