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NUESTRO TURISMO Y EL “ EFECTO SHERPA”

¿Se han dado cuenta que mientras mayor es nuestro desarrollo turístico, existe la tendencia en Puerto Natales, al mutismo sobre el tema?. Pareciera como si una fuerza superior mueve inteligentemente los giros y avances en la actividad. Podemos exhibir una sumatoria de hechos coincidentes con nuestra apreciación inicial. Es inexplicable, que muchas cosas se hagan en función del turismo, no de los ciudadanos locales. El aeropuerto nuestro funcionará de acuerdo a las altas y bajas de nuestra actividad turística.

La Universidad de Magallanes y su sede local, dio muestras de querer engranar su quehacer académico con la energía que le dio un impulso a nuestra economía, el turismo.  Con grandes anuncios se abrió la carrera de Técnicos en Turismo, formadora de egresados comprometidos con el Turismo de Aventura. Soñábamos que vendrían estudiantes de todas las latitudes a estudiar y a recibir las enseñanzas impartidas en este gran laboratorio que es Ultima Esperanza.  Nuestros escenarios naturales son aulas que invitan a la práctica de todas las disciplinas de aventuras.  La autoridad universitaria se vio obligada a cerrar la carrera - por este año- dicen por  el bajo número de interesados. Se contaron seis postulantes en el último proceso de admisión.

Coincidente con la determinación universitaria, a nivel del Liceo Politécnico, donde  también se dictaba la  especialidad de turismo,  a la cual podían optar jóvenes dispuestos a hacer sus primeros aprendizajes en esto de atender al visitante, todo terminó,  ante la desazón de profesores que habían fijado un alto nivel de aspiraciones.  Estábamos en el corazón del turismo patagónico  y los jóvenes natalinos podrían iniciarse como porteadores, garzones, mucamas y  ayudantes de cocina.

Buscando una justificación a la conducta juvenil nativa hacia en turismo, un  experimentado aventurero, me daba su explicación que acepto por su calidad de viajero consumado. Me habla del “efecto sherpa”. Visitó hace poco la zona del Tibet, con su turismo estrella, los ascensos de las grandes cumbres en el llamado “techo del mundo”.

Los porteadores o “sherpas”, medio eficaz para los ascensos al Everest, han ido disminuyendo en forma dramática. Los jóvenes se marchan del lugar, buscando otros trabajos, mejor remunerados y menos degradantes que  sea llevarle a un “gringo”, todos sus efectos personales, mientras éste sólo lleva  una cámara  fotográfica y una botella de agua. Son los efectos poco gratos del turismo, a medida que se desarrolla,  los autóctonos  ven al turista culpable de los cambios en sus comunidades,  ellos han descontrolado el desarrollo local, los lugareños recuerdan el paraíso que han perdido. Distanciamiento,  que aflora cuando  los flujos de visitantes,  pasan por el lugar,  sin darse el tiempo para ponderar la cultura local.

Por muchos años, nuestras cámaras (turismo y comercio), fomentaron la llegada de turistas para  visitarnos; en tiempos de dichos balbuceos colectivos, desconocíamos los efectos del turismo invasivo. Los tres  deplorables y desoladores incendios del Parque, nos hicieron tomar conciencia  hasta donde podía llegar el rastro humano, en paisajes jamás invadidos.  Devino una etapa de toma de conciencia sobre el tema, fue cuando comenzamos a pedir mayor control. Hoy cuando, CONAF ha establecido mayores controles en el ingreso al Parque: reservas previas, visitas de grupos a cargo de un Guía en invierno y guías sólo  aquellos con registro previo, aparecen voces exigiendo no ser tan estrictos, porque con  tantas exigencias vamos a liquidar el turismo.

 

Pero ya nadie reacciona. Nos agarró el “ efecto sherpa”.  El Paine,  se nos aparece ajeno y lejano.  Pertenece a la industria turística, donde tenemos que seguir prestando servicios, pues,  el visitante paga para ser atendido  en aquellas necesidades,  que hacen que  su viaje  y estancia sean lo más agradable posible.