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ADIÓS,VÍCTOR “POLLO” ÁLVAREZ

Siento la obligación de despedirme públicamente de mi amigo Víctor Alvarez Rodríguez. Lo conocí por aquellos días, difíciles de precisar, allá por los años noventa, cuando el país trataba de caminar dificultosamente en su retorno a la Democracia. Venía de haber egresado de una Universidad del norte, no sé si Osorno o Valdivia; había ido a estudiar pedagogía en Historia y Geografía. Regresaba a tomarse unos días de descanso y retomar la redacción de su tesis para el título; pero era evidente que su motivación no era la pedagogía, sino involucrarse al máximo en la empresa naviera familiar.

 

Había cumplido con la enseñanza media en el Liceo San José de Punta Arenas. Esa formación salesiana más sus estudios de historia, lo hicieron un humanista. Sentía un gran respeto y admiración por la obra de Joaquín, su padre, incansable soñador de emprendimientos en el mar. Fue ese ejemplo que lo hizo involucrarse en la empresa familiar y olvidar conseguir el cartón que lo acreditaba como docente en historia.

 

Por muchos años fue un activo impulsor de iniciativas relacionadas con la actividad turística en Puerto Natales, formando varias veces parte de las directivas de la Cámara de Turismo. En exceso vehemente en la defensa de la identidad natalina, en más de alguna oportunidad, exacerbó a sus oponentes en la discusión, por lo categórico de sus juicios.

 

Pero, el ganarse enemigos, era algo que los dirigentes sociales natalinos asumíamos – en los primeros esfuerzos organizados – por consolidar lo que es la actividad turística de hoy. Sobre todo, porque habían muchos intereses, a nivel de la capital regional, vislumbrando lo que se venía en la consolidación de Puerto Natales, como capital del turismo regional. Un buen mensaje para las nuevas generaciones que hoy se desplazan por un escenario ya consolidado.

 

El “Pollo” Alvarez con su dadivosidad personal, legado de una familia solidaria, luchó desde su posición en la empresa familiar de la cual formaba parte, a su manera, con su despliegue de argumentos a veces más voluntaristas que convincentes, seguro de engrandecer el Puerto Natales que lo vio crecer y ahora lo ve partir; fueron sus formas de lucha y siempre las respetamos.

 

La vida fue egoísta con Víctor Alvarez. Justo lo llevó hacia el final de sus días, cuando, superada ya una compleja situación de salud, había encontrado una pareja que lo acompañaba, al parecer muy bien en su diario vivir. Sus hijos, estaban creciendo con aspiraciones, y la empresa familiar, era una tarea impulsada armoniosamente por él y sus hermanos, bajo la dirección sabia de Joaquín.

 

De prisa o despacio todos vamos hacia nuestro destino final. Pero, reconozcamos que a veces, desearíamos haber compartido más tiempo con quienes sorpresivamente la muerte les aligera su paso por este mundo terrenal. A lo mejor es egoísta pensar en más vida para aquellos que han sido invitados al reposo eterno, por ello, en el momento de la despedida de Victor “Pollo” Alvarez, sólo nos queda en la tristeza, honrar todo lo bueno que estuvo a su alcance de realizar por nosotros y su querido terruño.